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Recordando los fallecidos en el día de los muertos

La muerte es siempre un misterio al que tarde o temprano nos enfrentamos todos los seres humanos, pero cómo enfrentamos a esa misteriosa sombra que nos acompaña desde el día de nacimiento es la gran diferencia entre diversas culturas. El 2 de noviembre en varios países de América Latina el recuerdo de seres queridos que han fallecido, se convierte más que en un duelo en una celebración donde se ve cara a cara a la muerte y se desafía su poder en una danza suave que se acompaña al ritmo de pan de dulce, flores y velas.

La tradición es un enigma para culturas que toman el tema con un tinte lúgubre y no tanto como una oportunidad para celebrar la vida. El escritor Octavio Paz escribe en su libro El Laberinto de la Soledad, "Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente".

No sólo en México se hace una celebración, residentes de otros países de América Latina también comparten esta tradición. Wilfredo Mejía de El Salvador comenta, "es día de fiesta en mi país, la gente no trabaja y todos van a los panteones a llevar flores y limpiar las tumbas". Wilkin Flores de Honduras también comenta que el día 2 de noviembre se les lleva flores a las personas fallecidas al panteón.

Por otra parte, en México es un día de fiesta, de color, de desafío a una realidad a la que nos acercamos cada día que pasa. ¿Cómo habremos de morir? No lo sabemos, pero recordemos el dicho, "El muerto al hoyo y el vivo al gozo". Así es como se enfrenta la muerte en América Latina, el diario vivir sobrepasa muchas veces el temor a la muerte. Las circunstancias diarias obligan, en este caso, al mexicano a lidiar como un torero a la muerte, hasta que un día le llega su fin.

Algunos jóvenes en Santa Fe recuerdan como celebraban el Día de los Muertos en México, pero con el cambio de residencia a Estados Unidos confirman que la tradición se ha perdido entre los múltiples retos a los que se enfrentan en este país para lograr tener éxito. Carlos García originario de Guadalajara, Jalisco comenta que sus abuelos celebraban el día poniendo un altar en casa en el que la foto cambiaba año con año. En sus recuerdos están las visitas al panteón los primeros del mes de noviembre para "platicar con los muertos", les llevaban agua, sal, flores y comida que les gustaba. Una vez que llegaron a Santa Fe, sólo ponen flores, velas y una foto de sus abuelos para esa fecha, como menciona "para que no se sientan solos".

El primero de junio es considerado en México la celebración para los santos difuntos, niños recién nacidos que no lograron tener una vida y por lo tanto están libres de pecado. Ese día se celebran a esos angelitos, que según mi abuela, "hay que prender una vela por cada niño que ha fallecido en la familia, de otra manera llevarán su dedito prendido en el cielo si no les prendemos una aquí en la tierra". Leyendas y mitos giran siempre alrededor de esta celebración que no es otra cosa que una muestra cultura de la idiosincrasia de los habitantes.

La ofrenda y los símbolos en la ofrenda varían de acuerdo al lugar donde se lleva a cabo la celebración. En el norte de México, las costumbres quizá por la cercanía con Estados Unidos toman más un tinte de Halloween que del Día de los Muertos pero en el centro y sur el simbolismo sigue muy arraigado y se respeta fielmente el ritual de la ofrenda, oraciones y visita al cementerio.

ELEMENTOS ESENCIALES PARA UN ALTAR

Si está interesado en recordar a sus seres queridos que han "pasado a mejor vida", estos son elementos importantes que no deben faltar en su altar.

Velas: Indispensables para poder iluminar el camino de su ser querido hasta su última morada (el cementerio) o la casa donde vivía y se le quiere recordar.

Niveles:Son tres los niveles de la ofrenda, que representan el pasado, presente y futuro.

Sal y Agua: Se pone sal para purificar y un vaso de agua para que el espíritu sacie su sed después de su viaje.

Xoloitzcuintles: Simbólico animal que se cree que guía a los muertos por el inframundo.

Alimentos: Se prepara con esmero la comida favorita del difunto. Se deja día y noche porque la creencia es que la persona regresará a disfrutar de los alimentos a través del aroma que despide el mole, romeritos, entre otros.

Flores: La característica flor de cempasúchil, que era utilizada como elemento ceremonial por los aztecas.

Música: Finamente en el cementerio algunas familias llevan música de tríos, mariachi o banda según los gustos del familiar fallecido. Esto crea un ambiente de ambivalencia entre la tristeza de haber perdido a un ser querido y el gozo o celebración de la vida de los presentes.