Santos (der.) practicamente perdió la vista después que laboró como soldador en Kansas durante 16 años. Santos, 76, quien ahora reside en Juárez, estuvo esperando junto a unas 30 personas en un reciente viernes de septiembre para hablar con Jim Gallagher y pedir ayuda médica. - Morgan Smith/Para La Voz
Los voluntarios de Our Lady’s Youth Center empacaron comida en bolsas y cajas para repartir a unas 60 personas que viven en extrema pobreza en Juárez. - Morgan Smith/Para La Voz
Voluntarios en Juárez
Americanos y Mexicanos por igual, se unen para alimentar a los pobres de una colonia en la frontera
Por Morgan Smith |La Voz de Nuevo México
Posted: Sunday, October 10, 2010 - 10/11/10
Nota de la editora: La próxima semana conozca las historias de las familias que Morgan Smith conoció durante el recorrido por la Colonia Lomas de Morelos.
En una reciente visita a Juárez, pude ver el trabajo de unos voluntarios, Mexicanos y Americanos, que trabajan con un solo fin: hacer un poco mejor la vida de los residentes de una pobre comunidad Mexicana.
Viajé con Jim Gallagher, un voluntario con Our Lady's Youth Center (OLYC), un grupo de fé basado en El Paso. Cada viernes, Jim y otros voluntarios pasan su día en Juárez para mantener un banco de comida. Es uno de varios programas de OLYC. También, hay una clínica en Juárez cada martes en donde doctores y dentistas son los que donan su tiempo. Sirven de 30 a 40 personas cada semana.
OLYC fue fundado en 1953 y lo dirigen los obispos de El Paso, de Las Cruces y en México, lo apoyan por igual obispos en Ciudad Juárez y Nuevo Casas Grandes, Chihuahua. Otros días de la semana OLYC trabaja con presos y otras colonias de Juárez.
Durante mi visita, cruzamos la frontera de El Paso a Juárez, donde el trabajo comenzó casi de inmediato.
Primero paramos a un pequeño mercado para comprar alimentos y verduras frescas como lechuga y coliflor. Habían cuatro vans y una mezcla de voluntarios de El Paso y de Juárez. Después, Jim y yo paramos en una tortillería para comprar tortillas frescas. Todos conocen a Jim y los voluntarios.
Nuestro destino es una pequeña mesa en la parte oeste de Juárez, cerca la montaña donde están pintadas las palabras "La Biblia es la Verdad. Léala". Es la Colonia Lomas de Morelos.
Sobre la mesa hay varios pequeños y muy simples edificios, incluyendo un "kindergarten" o jardín de niños, una escuela para adultos analfabetas que está en construcción, una clínica, y más importante, un almacén con una zona de carga con una plataforma larga. Los vans se ponen a lado de la zona de carga y entramos al almacén. Adentro más de 20 voluntarios - hombres, mujeres, jovenes, americanos y mexicanos - estan arreglando la comida, cortando lechuga, poniendo todo en sacos o cajas. Dependiendo en el tamaño de la familia, los alimentos sólo podrían ser suficientes para un par de días. La gente llega en choche o a pie.
Los voluntarios mexicanos también reciben su porción de comida y para los que no pueden acudir al almacén, Jim y otros voluntarios reparten las bolsas. La cantidad de personas con necesidades varía entre 60 a 70 familias. Muchos de los destinarios son personas muy pobres que no tienen trasporte o que están muy débile para salir de sus hogares. Y mientras que todo esto sucedo adentro del almacén, observo por la plataforma una cola de approximadamente 30 personas. Son mujeres, niños, hombres.
"¿Por qué están aquí?" le pregunté a Jim, ya que no parece que están esperando comida. "Son personas con problems diferentes. Por ejemplo, hace unos meses pudimos ayudar un hombre que perdió su pierna. Encontramos una prótesis para él", me contestó Jim. Me arrimé a esa fila y hablé con Santos, un hombre de 76 años. Trabajó como soldador en el estado de Kansas durante 16 años. Durante esos años de empleo, no tuvo la protección adecuada para sus ojos o para sus pulmones. Perdió casi toda su visión y tiene mucha dificultad al respirar. Luego conocí a una mujer joven, viste una camiseta que dice "Ysleta". Está acompañada de su hijo de 13 años y me cuentan la trágica historia de José, su esposo. Hace dos años José terminó balaceadoSP, tirado en el suelo. Pero sobrevivió, fue un milagro, dijo la esposa. Así que hablé con José, quien esperaba en su coche.
"Sí, siete balas", dijo él con una sonrisa. Puede mover su brazo derecho, puede elevar su pierna derecha un poco - es un milagro que está vivo. Jim y Armando, un voluntario de Juárez, han estado hablando con todas las personas en la fila. Hace mucho calor pero los voluntarios terminan de empacar la comida.
Las cajas están listas y ahora estamos listos para salir a distribuirlas a las familias. Juárez es una ciudad verdaderamente peligrosa, pero nuestra ruta sigue tranquilamente. Jim y los otros llevan muchos años ayudando a los que viven en pobreza en Juárez y saben cuando y donde ir para estar seguro.
Morgan Smith es un residente de Santa Fe y en sus viajes por el mundo, contribuye notas para La Voz. Escríbale a morgan-smith@comcast.net
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