JUáREZ — Es mediodía, domingo, 10 de julio, y estamos en el desierto al lado del asilo del Rev. José Antonio Galván. Veinte kilometros al sur de Ciudad Juárez, ¡103 grados fahrenheit!
Llegan dos coches grandes llenos de policía municipal. Nos ponen muy nerviosos. Salen ocho policias, la mayoría con rifles automáticos. Y una mujer casi desnuda. Está muy sucia, muy fea, su pelo enmarañado. Es una mujer agresiva y asustada.
Es Marta, una loquita de las calles de Juárez, una persona que nadie quiere, una persona sin recursos. Dos horas antes, la policía llamó a Galván para ver si sería posible llevar Marta al asilo porque ningún otro sitio la aceptaría.
Afortunadamente, el doctor Vicente Pantoja, el psiquiátra que consulta a los pacientes del asilo está presente y junto a Galván deciden acepter a Marta.
Pantoja y yo hablamos con la policía mientras que el personal del asilo lleva a Marta adentro. Hablo con el capitán. Quiero sacar una foto de los oficiales y sus armas. En fin, ellos no lo quieren. Es un momento nervioso.
Unas horas antes, desayunamos juntos - Pantoja, Galván y yo. Quería saber más del sistema mexicano de psiquiatría. Pantoja es un hombre muy dedicado y serio.
"Yo nunca aprendí como sonreir", dice él. Trabaja en un hospital en Juárez las mañanas y en el cereso municipal por las tardes. El domingo es su día libre pero siempre viene al asilo para ver los pacientes. Todos gritan su nombre cuando llega. Es - como el Pastor - una persona muy amada dentro el asilo.
"Primero, tienes que tomar en cuenta la falta de recursos aqui", dice. "Es los mismo en todos los sistemas mexicanos para los enfermos mentales".
"Segundo, nuestro sistema es diferente. En los Estados Unidos, es más scientifico. Aquí somos más humanos. Es decir, es muy importante el sentido de familia, los abrazos, las muestras de cariño".
Hablamos de los pacientes dentro del asilo y el hecho de que hay muchos que están siempre apoyando los otros. "Eso sería imposible en los Estados Unidos. El mucho contacto entre pacientes o el uso de pacientes como si fueron profesionales", dice Pantoja.
En realidad, la mayoría de los que están manejando el asilo son otros pacientes. Josué Rosales, por ejemplo, está encargado del asilo cuando está afuera Galván. Rosales da los medicamentos a los demás. Benito también funciona como profesional. Y Adolfo. Elia, una mujer muy pequeña que no puede hablar, está siempre consolando a los otros cuando tienen momentos difíciles. Becky también, aunque ahora está sufriendo un episodio bi-polar y está en una celda.
"Sí, Morgan, es una familia aquí. Algo muy importante porque afuera - en la sociedad, en Juárez, por ejemplo - ellos no tienen nada. No tienen familia, apoyo, casas, trabajo, cariño", me dice Pantoja.
Galván le paga a Pantoja como $50 cada domingo — cuando el lo tiene. No es la vida lujosa de un médico Americano que puede ganar $200 por hora o más. Viene al asilo en su coche viejo. (Estoy hablando con amigos aquí para ver si podemos comprarle un coche más confiable).
En realidad, el trabajo de Pantoja es un trabajo de corazón. Ahora Marta está adentro. Una Marta diferente. Bañada. Limpia. Su pelo todo cortado. Con ropa limpia. Benito está cortando sus uñas largas, quebrantadas, peligrosas. Elia y otros están aceptando sus brazos. Marta es una mujer fuerte con brazos enormes, decorados con muchos tatuajes. Pero, por el momento, está tranquila.
Entonces, Benito habla de cortar y limpiar las uñas de los pies de Marta, quien trae uñas despedazadas, sangrientes, sucias.
De repente, ella se escapa y corre al otro lado del patio en donde los pacientes pasan sus días. Se siente sola en un banco de cemento en la sombra. "Déjenla sola", dice el pastor. "Déjenla calmarse un momento".
Estamos todos esperando. ¿Qué va a hacer ella? Después, la pequeña Elia se acerca lentamente hasta el banco y se sienta al lado derecho de Marta. Su hermana mayor, Leticia, quien es aún más pequeña que Elia (no puede hablar pero siempre está contenta) se siente al lado izquierdo de Marta.
Estamos todos en silencio, yo, Pantoja, Galván y unos cuarenta pacientes, conteniendo la respiración. ¿Qué va a hacer Marta? Parece muy agresiva, mucho más fuerte que Elia y Leticia. Se cubre la cara con la mano derecha. Podemos ver las uñas ya limpias, bien cortadas.
Después, Marta levanta su mano. Está sonriendo. Está calmada. Ya es parte de la familia.
Comuníquese con Morgan Smith a morgan-smith@comcast.net
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