Alberto Fuguet nació en 1964 en Santiago de Chile, pero creció y pasó su infancia, hasta los 13 años, en Encino, Calif. Al regreso a su país tuvo que aprender el español y habituarse a una cultura y a un idioma que no sentía tan suyos. Es uno de los jóvenes autores más destacados de su generación y uno de los líderes de McOndo, el movimiento literario que proclama el fin del realismo mágico.
Fuguet se dio a conocer con Sobredosis (cuentos, 1990), cinco historias de las que sin duda sobresale "No hay nadie allá afuera." Historia intimista sobre dos amigos que luego de mucho tiempo sin verse se reencuentran en un aeropuerto de Panamá y se despiden con la vaga promesa de reencontrase en Nueva York; sólo por este cuento vale la pena adquirir el libro. Luego publicó Mala onda (novela, 1991), catapultándose de inmediato como una de las grandes promesas de las nuevas generaciones de escritores en América Latina. Fuguet mezcla de lenguaje de la calle, con influencia de la nota roja, MTV, letras de canciones de rock y de pop, e imágenes del cine y la televisión norteamericanos.
Fuguet, tal vez por su misma condición de migrante en su propia tierra, no se siente en deuda ni con los grandes maestros del boom literario latinoamericano ni con las grandes tradiciones y mitos de la lengua española, dando como resultado un escritor iconoclasta que rompe tabúes de la misma manera que un niño arroja el trompo, el balero o las canicas, ante la estupefacción y el horror de sus progenitores, para entretenerse sin rubor ni pudor alguno con el Nintendo y los cómics de súper héroes como Batman o Spiderman. Una especie de Edipo que mata al padre sin saberlo y por lo mismo sin sentir ninguna clase de arrepentimiento. Lo que, en el fondo, le otorga ese estilo tan propio y esa aura de escritor maldito que no se detiene ante nada.
Si ya en el 2003 Fuguet entregaba una novela, Las películas de mi vida, donde se contrasta la vida de un niño entre su estancia en los Estados Unidos y su posterior llegada al Chile de mediados de los 70, en su libro Cortos, Alberto Fuguet nos entrega una nueva colección de cuentos que de alguna manera se entretejen para ofrecernos un mosaico de personajes que lo mismo se encuentran perdidos en Chile que en los Estados Unidos.
Puñado de seres decepcionados, desubicados, que en ocasiones optan como única salida de sus frustradas vidas en la fuga y la desaparición en una Norteamérica mítica que les ofrece la visión de una road movie, con sus cafeterías abiertas las 24 horas, jóvenes mochileros perdidos en el Middle West, sus estrellas de cine, las grandes limosinas de los rock star, encontrando en ocasiones similitudes entre los majestuosos y a la vez desolados paisajes y sus propios sentimientos:
"Lo primero que hizo Simón cuando se acercó a la ribera sur del Gran Cañón fue vomitar. Simón no tiene claro si fue la altura, la atmósfera demasiado limpia, la emoción o el espectáculo de esa vista que se abre y se pierde. Cuando piensa en el Gran Cañón, Simón piensa en el vértigo. Cuando piensa en su fallido matrimonio, también."
De esta manera Fuguet logra una vez más entregarnos un libro que se lee de un tirón, con ese ritmo vertiginoso que ya es una característica de su prosa, misma que parece estar muy en deuda con los ritmos frenéticos y contundentes de una pieza de acid jazz o de hard rock, haciendo que el lector se sumerja en un frenesí de historias y emociones que lo dejarán, al cerrar la última página, como el adicto que sabe que necesita una dosis más.
Alberto Fuguet, Cortos, Ed. Rayo, rama de HarperCollins, New York, 2005, 310 pp.
Luis Horacio Heredia es un reseñista que vive en Santa Fe. Escríbale a luishh63@yahoo.com.mx
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