Este es el hogar de Pedro y Josefina. Ella sufre de diabetis y como muchas otras personas, le falta atención médica. En la Colonia Lomas de Morelos de Ciudad Juárez, no hay evidencia de servicios gubernamentales. - Fotografías por Morgan Smith/La Voz
Margarita y sus nietos posan para un retrato. Su esposo, Santos, se está muriendo. No come, no habla, no se mueve de la cama. - Fotografías por Morgan Smith/La Voz
'Fin del mundo'
En la frontera, hay una colonia abandonada, llena de pobreza, hambre y enfermedad
Por Morgan Smith |La Voz de Nuevo México
Posted: Sunday, October 17, 2010 - 10/18/10
JUÁREZ — Después de una serie de eventos por la mañana, las vans están listas para entregar la comida. Tenemos una lista de nombres, no direcciones: María, Goyita, Santos y Margarita, Romalda, Sara, Pedro y Josefina, Victoria, Teresita, Eustolia, Soledad, María y Jorge.
Yo voy en la van con Ron, un voluntario de El Paso y Abby, una mexicana. La vida de Abby no es fácil; una de sus hijas murió dejando a cuatro hijos, así que automáticamente sus cuatro nietos pasaron bajo su cuidado. Otra hija tiene cáncer en los pulmones, pero Abby dice que se está recuperando.
Ron está conduciendo por una mezcla de calles estrechas sin pavimento, callejones que dan temor; pasamos coches abandonados, perros miserables, familias vendiendo ropa, chicos borrachos.
Pasamos por la tortillería donde estuvimos por la mañana. La pasamos otra vez. Una tercera vez. Es como si fuéramos en círculos pero Ron y Abby conocen bien todas las casas.
Paramos a la casa de Goyita, una mujer muy mayor, de baja estatura y quien vive sola.
"La vida se acaba, poco a poco", dice Goyita, sentada en la cama con su Biblia. Hay dos cuartos, su habitación y la cocina.
Tiene su cama, una silla y una mesa. Es todo. En la cocina hay una parrilla eléctrica en vez de estufa. Pero no hay los típicos aromas que se encuentran en muchas cocinas. Goyita no tiene nada para comer. No hay radio, nevera, hornillo, otros muebles. En la pared hay cruces de madera. La casa parece nueva, pero más bien parece abandonada porque Goyita está preparandose para morir.
Ron y Abby toman sus manos para rezar por ella.
En la proxima casa, hay seis personas: Margarita y Santos (los dueños), un hombre que está durmiendo, una mujer embarazada (la hija de Margarita y Santos) y sus dos niños. Santos está muriendo. No come, no habla, no se mueve de la cama. Se mantiene con los ojos cerrados. No sabemos si esta escuchándonos.
En la pared hay dos fotos, es la madre de Margarita y la madre de Santos. Como en la casa de Goyita, hay muy pocos muebles. Quiero tomarles una fotografía y Margarita me invita a la otra habitación donde hay una estatua de La Virgenl de Guadalupe.
La casa de Sara es diferente. Muchos muebles y pinturas. Pero su historia es aún más triste. Tiene tres hijos y todos son prisioneros en cárceles Americanas. Cuando salimos de su casa, una mujer rubia estaba esperándonos.
"¿Pueden venir a la casa de mi hermano para rezarle? Está muriendo", nos dijo la mujer.
David, su hermano, tiene 37 años y sufre de cáncer. Ya no se mueve de la cama. Igual que Santos, no puede hablar ni comer. Pero sus ojos estan abiertos, puede oir todo. Su mujer y sus cinco niños están con él. Ron, Abby y la familia se toman de las manos para decir una oración.
En la siguiente parada conocemos a Josefina, quien sufre de diabetes. Su esposo Pedro está sentado al lado de su cama. Aquí se congela el aire, como si se paralizara el tiempo. Nadie habla. Entramos, Abby da la oración y continuamos.
Subimos hasta la torre de agua, encontramos a Jim y vamos a la casa de Teresita. En el jardín hay un coche abandonado sin llantas. Teresita está con su hija y varios nietos. En la casa, no hay nada excepto una cruz y un perro blanco vendado. Me parece que la familia está anticipando la oración más que la comida.
Llegamos a la casa de Eustolia y sale toda la familia, tanto como varios vecinos. Su nieto, Chuy, ha sufrido de encefalitis. Jim, Ron y los otros voluntarios de Our Lady's Youth Center (OLYC), un grupo de fé basado en El Paso, han pagado varias operaciones de Chuy. Otra vez, veo la importancia de la oración.
Soledad, una mujer pequeña pero con una cara muy digna, vive sola. Su casa tiene dos salas. Está cocinando algo y el calor es tremendo, mucho más que afuera. Llega su hija, Josefina y una sobrina. Toman las manos de Jim.
Hay unas otras paradas pero son básicamente iguales — la soledad de las personas que visitamos, la importancia de la oración, las casas chiquitas que tienen nada más que una cama, unas fotos, cruces, paredes blancos, el calor.
Durante todo el día, no vemos ninguna evidencia de servicios del gobierno — ni una ambulanica, ni un hospital o clínica, ni la policía, ni servicios sociales.
Es como si estuvieran abandonados. Es como si ésta colonia, la Colonia Lomas de Morelos, fuera el fin del mundo.
Morgan Smith es un residente de Santa Fe y en sus viajes por el mundo, contribuye notas para La Voz. Escríbale a morgan-smith@comcast.net.
Nota de la editora: Esta es la última de dos notas por Morgan Smith.
La semana pasada Smith habló del trabajo de los voluntarios en Juárez.
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